30 de agosto de 2017

Poetas Portugueses IV: Eugénio de Andrade


Las palabras

Son como un cristal,
las palabras.
Algunas, un puñal,
un incendio.
Otras,
sólo rocío.

Secretas vienen, llenas de recuerdos.
Inseguras navegan:
barcos o besos, 
las aguas estremecen.

Desamparadas, inocentes,
leves.
Teñidas están de luz
y son la noche.
E incluso pálidas
recuerdan a verdes paraísos.

¿Quién las escucha? ¿Quién
las recoge, así,
crueles, deshechas,
en sus conchas puras?

Antologia Breve, 1972

Hoy he robado todas las rosas de los jardines
y he llegado ante ti con las manos vacías.

As Mãos e os Frutos (1ª ed., 1948, 20ª ed., Limiar, 2001)


Pequeña elegía de septiembre
No sé cómo viniste,
pero debe haber un camino
para regresar de la muerte.

Estás sentada en el jardín,
las manos en el regazo llenas de dulzura,
los ojos posados en las últimas rosas
de los grandes y tranquilos días de septiembre.

¿Qué música escuchas con tal atención
que no reparas en mí?
¿Qué bosque, o río, o mar?
¿O es dentro de ti
que aún canta todo?

Quería hablar contigo,
decirte sólo que estoy aquí,
pero tengo miedo,
miedo a que toda la música cese
y tú no puedas contemplar más las rosas.
Miedo de romper el hilo
con el que tejes los días sin memoria.

¿Con qué palabras
o besos o lágrimas
despiertan los muertos sin herirlos,
sin arrastrarlos a esta espuma negra
donde los cuerpos se respetan,
parsimoniosamente, envueltos en sombras?


Quédate así,
llena de dulzura,
sentada, mirando las rosas,
y tan ajena
que no reparas en mí.
Antologia Poética

17 de julio de 2017

Escapar de la trampa

Octubre 2016

La semana pasada hizo justo dos años desde que empecé a trabajar en la empresa. Dos años en los que no he cambiado de proyecto, de función ni de posición. También dos años sin mudarme de casa, compartiendo piso con Francisco y con Truman. En septiembre, estuve todo el mes solo, y esto me llevó a salir un poco de lo habitual, a buscar otras formas de ocupar mis horas que salgan de ver series en la cama o pretender que escribo cuando no es así, o de preparar la cena y la comida del día siguiente y bajar a Truman al parque los 20 minutos de rigor.
Me hice un plan: todo comenzó en verano, cuando consciente de que pierdo mucho tiempo, decidí buscar un proyecto en el que invertir mis energías. Ese proyecto inicial fue la terraza de casa, un no-espacio donde Truman mea cuando no aguanta más, tendemos la ropa cuando no cabe en el tendedero exterior o acumulamos cosas de poca utilidad o papeleos, tomos de cosas. Lo limpié todo, cambié la disposición de los muebles, compramos una estantería nueva para todo aquello fuera de colección, saqué uno de los pufs de inspiración árabe y puse algún cuadro hecho por mí. Aún no está todo como me gustaría por una cuestión económica principalmente, pero es un avance en mi plan de tener una habitación propia.
Cuando huí de Madrid hace casi 3 años, lo hice con la certeza de que sólo iría a otra ciudad con una importante agenda cultural que me permitiera seguir creciendo. La elección obvia, para mí, fue Lisboa, además ciudad pequeña, más manejable, más acogedora que la fría Madrid.
Y Lisboa cumple al respecto, pero no así yo. Me he acomodado a la precaria vida del obrero que madruga para fichar, trabaja 8 horas en la oficina y vuelve en casa para encerrarse y dejarse aletargar lentamente.

Junio 2017

Estoy a punto de dejar el trabajo en el call center. Llevo seis meses trabajando 11 horas al día entre la oficina y los tours gastronómicos de noche. Estoy exhausto. He logrado quitarme deudas, ahorrar un poco. Escribir menos, pero leer más, especialmente en la oficina (me estoy leyendo todos los cómics de Marvel).

Julio 2017

Hoy, 17 de julio, voy a dejar mi segundo trabajo, los tours vespertinos. El propósito es recuperar mi vida y mi literatura. Ser feliz. Aun en la precariedad, ser feliz. Es la primera vez que me enfrento a la perspectiva de dejar un trabajo por voluntad propia, pero supongo que es parte del aprendizaje: saber decir basta. Espero así dejar atrás meses de ansiedad, retomar el ritmo, descansar más, escribir mucho. Mi carrera literaria es algo que lleva demasiado en stand-by, me digo. Además, me está costando cada vez más disfrutar de Lisboa, y es una lástima... La otra alternativa, si el jefe me lo acepta, sería dedicarme a tiempo completo a enseñar Lisboa como guía turístico, que a su vez me serviría para volver a enamorarme de la ciudad.
Sea como sea, que Dios me pille confesao.

23 de junio de 2017

Poetas portugueses III: Adília Lopes

Lisboa

Ciudad blanca
sembrada
de piedras.

Ciudad azul
sembrada
de cielo.

Ciudad negra
como un callejón.

Ciudad deshabitada
como un almacén.

Ciudad lila
sembrada de jacarandás.

Ciudad dorada
sembrada
de iglesias.

Ciudad plateada
sembrada
de Tajo.

Ciudad que se degrada
ciudad que acaba.
Poemas novos, 2004
(traducción propia)


Arte poética

Escribir un poema
es como atrapar un pez
con las manos
nunca he pescado así un pez
pero puedo hablar así
sé que no todo lo que ven las manos
es un pez
el pez se debate
trata de escapar
se escapa
yo persisto
lucho cuerpo a cuerpo
con el pez
o morimos los dos
o nos salvamos los dos
tengo que estar atenta
tengo miedo de no llegar al final
es una cuestión de vida o muerte
cuando llego al final
descubro que necesitaba atrapar al pez
para librarme del pez
me libro del pez con un alivio
que no sé decir

Um jogo bastante perigroso, 1985
(traducción propia)

45 años

Es hora
de volver
a casa
La poesía
no está
en la calle
Le vrai la nuit - A árvore cortada, 2006
(traducción propia)

21 de enero de 2017

Cinco años después

Un lustro ha tenido que pasar desde la última vez que seguí esta tradición.
Cinco años después, despierto solo, como si fuera una tradición. Bueno, Truman me incomoda entre las piernas, viene a darme el beso de buenos días. No, hoy tampoco gano un premio literario; ni siquiera escribo. Amanezco tarde y decido aprovechar el resto del día para hacer limpieza en casa, que trabajo por la tarde.

No tengo más sueños que hace unos años, supongo que alguno menos. Que soy más viejo, menos entusiasta de la vida, más amargo. En estos años cabe tocar fondo varias veces, el amor y el desamor, otras sábanas, otros cuerpos, muchos libros. Vivo en un castillo construido en libros. Vivo en Lisboa, atrás ya Madrid, en un séptimo con vistas. Por primera vez desde que comencé este experimento, soy autosuficiente (o algo así): insisto, me hago mayor. Miro atrás y recuerdo la felicidad fácil de la literatura y la Residencia y las noches en vela y me digo por qué no era capaz de apreciarlo y me digo qué cojones si fui feliz como no he vuelto a serlo.

No me atrevo a escudriñar el futuro. Pero sé lo que me gustaría. Despertar ese domingo acompañado, desayunar en la cama, tener tiempo de escribir algo. Tal vez follar, no tener miedo a comprobar mi cuenta bancaria, tener más de un euro. Tal vez follar, sí. Amanecer en qué colchón, en qué ciudad, con qué espíritu para vivir un día más. Que no me abandonen mis libros ni Truman nunca, nunca.


Y entonces te tomaría de las manos, te miraría a los ojos, te apretaría contra mí, te diría shhh, todo está bien, todo, todo, y el mundo calla

11 de octubre de 2016

Últimas lecturas

Sigo con mi verano de lecturas, y esto es lo que han traído agosto y septiembre, más allá de dos o tres libros que comencé y en los que aún me encuentro inmerso:

Rabia, Stephen King (Richard Bachman)
La conocida como novela prohibida por su propio autor, Rabia cuenta el secuestro de una clase por parte de un alumno armado con un revólver. Se trata de una de las novelas que publicó bajo el pseudónimo de Richard Bachman, cuya circulación vetó el propio King años más tarde debido a que diversos autores de matanzas en institutos estadounidenses habían citado Rabia como inspiración de sus ataques. Se trata, al igual que el resto de obras publicadas bajo pseudónimo, de una novela mucho más directa y narrativamente sencilla que el grueso de su bibliografía. Al igual que en La larga marcha, el autor logra una tensión constante que lleva a un clímax íntimo, para nada las desproporcionadas destrucciones a las que nos tiene acostumbrados el escritor de Maine. No se trata de una gran novela, ni siquiera tan arriesgada o transgresora como la inmediatamente anterior Cementerio de animales, de modo que no creo ni que su propio autor la eche en falta en el mercado, no sólo por motivos éticos, sino literarios.

Nada (Carmen Laforet)
He de reconocer que me ha costado leer este libro, que es uno de los must read que he empezado varias veces sin éxito (esto no es significativo de la calidad literaria de la obra: también me ocurrió con Cien años de soledad), y he descubierto uno de esos universos femeninos en los que me muevo a menudo en mis últimas lecturas, así como a una autora extremadamente joven y de una sensibilidad que raya en la herida. Nada refleja la aspiración juvenil y feminista a la libertad, pero también la miseria de un país roto, el hambre, el hambre. La voz contundente de Carmen Laforet siempre tembló a la sombra de este primer libro, donde la claustrofobia cobra forma de casa y de ciudad, y acompañó a Laforet como un monstruo llamado Gloria Literaria que acabó transformándose en su silencio. Andrea, la joven entusiasta del comienzo del libro, acaba arrastrada por la desdicha que se ha cebado con su familia y país. Aunque insisto, me costó entrar, y a ratos se me hizo bola, pero es valiente y madura, e historia indiscutible de nuestra literatura.

Un hijo (Alejandro Palomas)
No es un secrero el entusiasmo con el que descubrí Una madre del mismo autor hace un par de meses, y cómo me precipité a conseguir este hijo que nos ocupa. Ya la primera página me pareció un puñetazo en la mesa, y me sedujo con ese perspectivismo que utiliza en la narración. La historia del niño que quiere ser Mary Poppins está llena de corazón, como sucedía con la anterior novela, y aunque si tuviera que escoger me quedaría con Amalia, el hijo de este relato, y la madre, y las maestras del colegio, y el entorno casi doméstico que vertebra la obra, vuelven a dar en el clavo de la emoción humana. El misterio que se va desenvolviendo con calma, casi como un secreto, sirve de aliciente adicional para quienes pidan más que personajes inolvidables. Una historia tierna narrada con inteligencia por un autor que ha pasado a transformarse en una de las voces literarias más interesantes de nuestro país.

The killing joke (Alan Moore)
O el cómic definitivo sobre el Joker, sin lugar a dudas el villano más paradigmático del héroe de Gotham. Alan Moore nos propone en este viaje adentrarnos en la locura de un hombre normal, un desgraciado, un mediocre y cómo acaba transformado en el siniestro monstruo que provocará pesadillas al mismísimo Batman. Para ello, el autor se sirve de un (polémico) ataque a Batgirl, Barbara Gordon, en el que la heroína sufre un disparo y queda postrada en una cama. La misma mujer que pateaba el culo a villanos sin despeinarse se ve aquí convertida en mero instrumento para que el hombre murciélago busque venganza. Más allá de lecturas sexistas, este número supone el intento definitivo por narrar la génesis del Jóker, y lo hace desde el contraste con el héroe. Cuanto más prístino es el desdichado, más turbio se torna un Bruce Wayne al límite. La locura del monstruo parece invadir al héroe en una atmósfera malsana. Lo único achacable es que su carácter caricaturesco lo hace palidecer al lado de otras aproximaciones más solemnes al mito de Batman.

Dark Night: A True Batman Story (Eduardo Risso y Paul Dini)
En mi periplo por leer los clásicos del caballero oscuro di con ésta, una de sus últimas novelas gráficas, de la cual me llamó la atención el carácter autobiográfico y meta del mismo. A True Batman Story no trata de Batman, sino que narra la historia real del guionista, Paul Dini, y cómo la ficción le ha ayudado a superar sus traumas y adicciones. En su juventud recibió una paliza por parte de tres encapuchados, y esto le provocó una depresión y un miedo que le impedían salir de casa. Su subconsciente toma aquí forma de personajes de ficción, en su mayoría del universo de Gotham City. Salvando las distancias, me ha recordado a Instrumental de James Rhodes, y a cómo el arte, la creación pueden interceder por nosotros y ayudarnos a salir de la noche más oscura. Tiene cierto interés, pero tampoco creo que está a la altura de las mejores aventuras de Batman como para hacerle un hueco en el Olimpo de la novela gráfica.

El lejano país de los estanques (Lorenzo Silva)
Desde que la leí, La flaqueza del bolchevique se convirtió en una de mis novelas preferidas. Se trataba de una historia fresca, divertida, macarra y tierna, dramática, efectiva. Tiene Lorenzo Silva varias novelas juveniles que marcaron mi última adolescencia, y cómo no, la serie de Chamorro y Bevilacqua, la pareja de Guardias Civiles que nos ocupa. Recuerdo vagamente haber leído alguno de los números de la colección, y ahora me he propuesto leerlos todos en orden, aprovechando que mi hermano, fan irredento, los tiene todos. El lejano país de los estanques sirve para presentar a la pareja protagonista con un misterio resultón, aunque creo que no me convenció tanto como el primero que leí, tal vez porque lo que aquí se narra es una España que me resulta ajena, y con la Benemérita de por medio espero quizás un retrato más fiel de la sociedad española. En cualquier caso, se trata de una novela divertida, en especial gracias a la dinámica que se establece entre los protagonistas, y ahora sí, pienso leer toda la serie en el orden en que fueron publicados. Larga vida a Vila y Chamorro.

29 de septiembre de 2016

Harry Potter y el legado maldito: reseña

Profunda decepción.

Al grano, ya. Yo, que comencé a leer las aventuras del joven mago con 12 o 13 años, cuando se publicó El cáliz del fuego en España, que luego leí los anteriores en bucle tres o cuatro veces hasta que se publicaron los tomos siguientes, que los dos últimos números los leí directamente en inglés porque no aguantaba la espera, que me registré en Pottermore para seguir de cerca cualquier novedad sobre el universo creado por la autora, he sentido una profunda decepción al leer esta obra de teatro canónica, escrita por Jack Thorne a partir de una idea de la propia Rowling.


Vayamos por partes: la de Harry Potter era una historia cerrada, y redonda. Muerto el perro, muerta la rabia. El héroe acababa con su némesis, los arcos de desarrollo de los protagonistas se completaban, todas las tramas se cerraban con una precisión de demiurgo... Rowling lo dio por tan terminado que incluso añadió, al final de Las Reliquias de la Muerte, aquel bochornoso y almibarado epílogo, que no hacía más que desvirtualizar el buen sabor de una historia narrada de forma ejemplar. El tiempo ha dado la razón a los fans descontentos con dicha guinda final, pues ha sido el propio epílogo el punto de partida a partir del cual se construye, 19 años después, Harry Potter y el legado maldito.



Tratar de explotar la gallina de los huevos de oro no es algo nuevo ni en el universo potteriano. Como digo, éste se ha expandido con acierto gracias a la absoluta entrega de su creadora, que ha puesto todo el cuidado del mundo en las adaptaciones cinematográficas, obras derivadas para la caridad (Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Quidditch a través de los tiempos, los tres recientes libros sobre la escuela de magia (Short Stories from Hogwarts of Power, Politics and Pesky Poltergeists,Short Stories from Hogwarts of Heroism, Hardship and Dangerous Hobbies y Hogwarts: An Incomplete and Unreliable Guide) o la inminente expansión cinematográfica con la trilogía sobre Animales fantásticos que está escribiendo la mismísima Rowling. Por eso es de extrañar que, con el celo creativo que ha mantenido siempre la escritora, aceptara que esta obra de teatro viera la luz. Rowling ha hecho un trabajo encomiable para satisfacer a sus lectores, principalmente con la creación de material exclusivo en el portal Pottermore.



La calidad sigue siendo una constante en todos los productos derivados, incluso en todos aquellos cuyas ganancias van destinadas de forma íntegra a la caridad (la escocesa dejó de ser milmillonaria por sus generosas donaciones a causas sociales), y es por eso que este Legado maldito hace justicia a su título. Los personajes están desdibujados, los protagonistas de la saga son tristes sombras de lo que fueron, no tiene el ingenio, la gracia de la saga original. Rowling es divertida cuando debe serlo, grave cuando la historia lo necesita, siempre en un equilibrio fascinante.


Al tratarse como se trata de una obra de teatro, resultan más evidentes las carencias en especial en dos aspectos: desarrollo de personajes y diálogos. Rowling es una dialoguista excepcional, que sabe otorgar una voz muy distintiva a sus personajes, así como definirlos en cuatro líneas para que el lector sepa a qué atenerse con ellos. Dado que no es una novela, no hay forma de definir mejor a los personajes, más allá de la caracterización, que mediante el diálogo. Así, en El Legado Maldito los nuevos personajes carecen del carisma con que envolvía la autora a cualquier personaje de la saga, por secundario que fuera, mientras que el reencuentro con viejos conocidos deja un sabor amargo: no son la sombra de lo que fueron, y en la mayoría de los casos suenan como una burda imitación de ellos mismos. Y es que el cambio de formato le ha pasado factura como obra literaria: donde antes había un rico universo en expansión y personajes complejos, llenos de contradicciones, ahora deambulan seres planos que no dejan su impronta, y no hay lugar para la inventiva y las deliciosas descripciones que fueron seña de identidad de este universo.

A nivel del universo que creó Rowling, la obra de teatro apenas introduce elementos novedosos, probablemente con la intención de ser lo más fiel posible a aquello que está escrito en piedra. Recuerdo cómo cada nuevo año en Hogwarts venía cargado de sorpresas, personajes entrañables, descubrimientos mágicos y criaturas fascinantes. Esto brilla por su ausencia en el libro que nos ocupa.

Pero tal vez la historia sea buena, ¿no? Una buena historia podría salvar este libro y devolvernos la ilusión. Hay que reconocer que comienza bien, con un par de planteamientos interesantes y una elipsis narrativa que nos saca del tono al que estamos acostumbrados. 19 años después del final de la saga, Albus, el hijo difícil de Harry, y Scorpius, el brillante hijo de Malfoy, se convierten en mejores amigos. Puede molar, ¿no? Lo cierto es que hay fanfics que molan más. Las decisiones que tomó en su día Harry Potter siguen siendo el motor de la historia, aunque esto sólo pone de manifiesto la falta de inventiva. Dado que el arco del joven mago y su némesis estaba tan cerrado, podrían al menos haber desarrollado nuevas historias que hicieran justicia a los nuevos personajes. Con todo, han preferido acomodarse y volver atrás (ni siquiera figuradamente, así de literal es todo).

Jugar a los viajes en el tiempo y a reescribirlo podría verse como algo interesante, utilizar el popular efecto mariposa para poner en un aprieto el futuro del mundo mágico... pero es algo que hemos visto mil veces. Además, no hemos de olvidar que el tercer libro de la saga, El Prisionero de Azkaban, orbitaba en torno a los viajes en el tiempo con la elegancia y la exactitud que caracterizan los puzzles que conforman cada novela de Harry Potter. ¿Para qué retomar los viajes en el tiempo cuando se nos ha asegurado por activa y por pasiva dentro de este universo que no son posibles nunca más? ¿No es un mundo de magia lo suficientemente inabarcable como para limitarse a un recurso tan manido? No sé, por interés que pueda tener siempre la reescritura de la Historia, en este caso se queda en un quiero y no puedo.

La dinámica entre los personajes tampoco funciona demasiado bien, con cameos de muchos conocidos en un ejercicio que se aprecia más nostálgico que narrativo. Este intento de repetir lo que ya conocemos, de no innovar, supone el principal lastre del libro. Por no hablar del villano de la función, ese momento vergonzoso donde descubrimos quién es y qué intereses lo mueven. Digno de uno de los millones de fanfictions que pueblan Internet.

Harry, el protagonista de la saga original, pierde aquí presencia, y se desdibuja, Como Hermione, mi personaje preferido (por no hablar de su hija Rose, que no es más que un instrumento al servicio del interés romántico de Scorpius; podrían haber prescindido de todo el personaje) o un Draco que parece ocultar la historia personal más interesante, y aun así se queda a medio gas...

Es una lástima este paso en falso de Rowling, sobre todo para los fans que crecimos como lectores con sus libros, que llevamos años esperando el retorno de la magia si es que algún día se fue. Quién sabe, tal vez la obra de teatro en vivo gane enteros que justifiquen este retorno, pero como libro no satisface como siempre lo lograron todas las entregas de la saga. Este año llega una nueva ampliación del universo mágico en forma de película. Esperemos que, ahora sí, vuelva la magia para quedarse.

15 de septiembre de 2016

Poetas portugueses II: Sophia de Mello Breyner Andresen

Cuando muera volveré para buscar
los instantes que no viví junto al mar.


Lisboa
Digo:
«Lisboa»
cuando atravieso -venida del sur- el río
y la ciudad a la que llego se abre como si de su nombre naciese
en su inmenso lucir de azul y río
en su cuerpo amontonado de colinas
la veo mejor porque la digo
todo se muestra mejor porque digo
todo muestra mejor su estar y su carencia
porque digo
Lisboa con su nombre de ser y de no ser
con sus meandros de espanto insomnio y lata
y su secreto rebrillar de cosa de teatro
su conniviente sonreír de intriga y máscara
mientras el amplio mar a occidente se dilata
Lisboa oscilando como una gran barca
Lisboa cruelmente construida a lo largo de su propia ausencia.
Digo el nombre de la ciudad
digo para ver.

Navegaçoes, 1983
(traducción propia)

Algarve
1
La luz más que pura
sobre la tierra seca
2
Quiero el canto el aire la anémona la medusa
el recorte de las piedras sobre el mar
3
Un hombre sube el monte dibujando
la tarde transparente de las arañas
4
La luz más que pura
parte su lanza

Livro Sexto, 1962
(traducción propia)

La casa
La casa que amé fue destrozada
La muerte camina en el sosiego del jardín
La vida susurrada en el follaje
Súbitamente se rompió no es mía.

Dual, 1972
(traducción propia)

Mar
I
De todos los cantos del mundo
Amo con un amor más fuerte y más profundo
aquella playa extasiada y desnuda,
donde me uní al mar, al viento y la luna.
II
Huelo la tierra los árboles y el viento
que la primavera llena de perfumes
pero en ellos sólo quiero y sólo busco
la exalación salvaje de las olas
subiendo hacia los astros como un grito puro.

Poesia, 1944
(traducción propia)

22 de julio de 2016

Lo que he leído en el último mes

Visto el despropósito en que se ha convertido el blog, y en vista de que me será imposible dedicarle un artículo a cada una de estas lecturas, he decidido hacer un breve repaso de todos los libros que he leído en el último mes.
Recuerdo cuando, de adolescente, devoraba lecturas a un ritmo vertiginoso. Internet estaba aún en pañales y costaba conectarse (alternaba la biblioteca de mi pueblo con aquel primer módem ruidoso cada vez que accedía a Internet en casa en la era pre-Google), por lo que las distracciones eran mínimas. Tampoco escribía aún con la disciplina que gané con los años, de modo que mis esfuerzos los invertía en leer cuanto más, mejor (aunque leía más, leía peor, también sea dicho). También alcancé picos de lectura en mi tercer año de carrera, sobre todo con mi regreso de Erasmus y el descubrimiento de Bolaño y McCarthy, a partir de quienes nada volvería a ser lo mismo. La cuestión es que, desde que la vida se hizo seria, esto es, desde las responsabilidades y el trabajo y la declaración de la renta y los trayectos en metro-tren-autobús, desde Internet a todas horas, en todas partes, leer se ha convertido en una especie de carrera de obstáculos, y ya no hay rastro de aquella lectura enfermiza de horas seguidas, sino la de ratos desocupados y extraños momentos de asueto.
Al grano:

Pet Sematary, Stephen King
Quien me conoce sabe que King fue mi autor de adolescencia, a quien devoré seducido por el terror un poco a ciegas, como todo en aquella época. Leí prácticamente todos sus clásicos, pero nunca di con este Cementerio de animales del que muchos decían que era una se sus novelas más duras, y ya es decir; ahora, en plena relectura de sus primeras novelas en inglés, me ha dado por aproximarme por primera vez al cementerio indio. Me ha parecido efectivamente muy dura, arriesgada en su planteamiento e irregular en su ejecución, pero se trata sin lugar a dudas de uno de los libros que peor me lo han hecho pasar. Además, supone una lectura madura que plantea un dilema moral interesante, y vuelve a demostrar cómo King es capaz de generar empatía con sus protagonistas de forma natural, sin esfuerzo.

El joven Moriarty y el misterio del Dodo, Shofia Rhei
Entre el excelente catálogo que se está marcando Nevsky, uno de los libros que más deseaba leer desde mi periplo lisboeta es el que nos ocupa. Se trata de una novelita breve, hasta cierto punto infantil, cuyo principal atractivo, original donde los haya, es conocer la infancia del archienemigo de Sherlock Holmes, el mismísimo James Moriarty. Para ello, la autora lo pone a investigar diversos misterios y nos presenta a su familia y entorno para que lleguemos a saber cómo este niño espabilado y de buena cuna se convirtió en este cerebro criminal. Si esto lo aderezamos con ambientación victoriana (entre los cameos se encuentran Charles Darwin o Lewis Carroll), un misterio doméstico y un tono desenfadado, tenemos el primer tomo de una colección divertida con unas preciosas ilustraciones de Alfonso Rodríguez Barrera. Mi próxima parada será El joven Moriarty y los misterios de Oxford, y me consuela saber que hay dos volúmenes más de momento sobre el joven villano.

La araña del olvido, Enrique Bonet
No suelo leer demasiado cómic/novela gráfica, y cuando lo hago es motivado por el tema que trata o por referencias sobre la obra. En este caso contaba con ambas. La araña del olvido narra una historia real, que no es ni más ni menos que la del primer investigador que afrontó, en pleno franquismo, la ardua tarea de averiguar quién, cómo y por qué asesinó a Federico García Lorca. La del poeta granaíno es una figura que me toca de cerca, y justo en el momento trabajo en una nueva novela cuyo eje principal es Federico; así, cuando supe de este libro lo apunté en mi lista de futuras adquisiciones, y una mañana en la FLM dio la casualidad de que el autor, Enrique Bonet, estaba firmando y me lo traje dedicado. Me fascina la idea de trasladar a una novela gráfica el trabajo de investigación que llevó Agustín Penón, comprobar lo turbio de todo el asunto y cómo cada nueva pista parece acabar en un callejón sin salida. A pesar de que Penón fue valiente e inquisitivo, jamás logró concluir su investigación, y Enrique Bonet es fiel a la historia del propio Penón. Quien busque en este libro respuestas al asesinato de Lorca, tal vez acabe decepcionado. Quien quiera descubrir la pequeña batalla que libró Agustín Penón en el día a día para saber más, sin duda acabará satisfecho. Una lectura interesante que me ha llevado a interesarme por investigaciones posteriores sobre la muerte de Lorca, pero también sobre la vida de Penón.

La luz prodigiosa, Fernando Marías
Tengo la suerte de conocer a Fernando Marías, como tengo la suerte de haber leido La luz prodigiosa hace años a raíz de la película homónima (cuyo guión firma el propio Marías). Ahora, en el 25 aniversario de la publicación, Turpial reedita la primera novela del autor bilbaíno, y no he podido evitar hacerme con ella. Para quien no lo sepa, este libro también gira en torno a la figura de Lorca, y crea una fantasía maravillosa donde consigue darle una vuelta de tuerca al misterio sobre el asesinato del escritor. Además, releída después de la maravillosa La isla del padre (Premio Biblioteca Breve 2015), es posible comprobar cómo la capacidad de Fernando Marías para crear misterio e interés de la historia más modesta ya existía al comienzo de su carrera, así como otras constantes en su obra (el testimonio, la memoria, el cine). Recomiendo esta novela, por supuesto, y la curiosa experiencia de ver la película con sus puntos de divergencia. Hay que celebrar esta luz prodigiosa.

Una madre, Alejandro Palomas
Éste es sin duda el libro que más me ha gustado en mucho tiempo. Me gusta el narrador, me gusta la estructura, me gusta Amalia, la protagonista, esa madre omnipresente, deslenguada, infantil, liberada, leona, y me gusta cada personaje que compone este fresco familiar. Y es que Una madre es eso: una reunión familiar en Nochevieja que nos permite conocer a toda la familia y la historia que cada uno de sus miembros guarda. Hay humor, y amor, y drama perfectamente integrados, y todo huele a verdad. Este (llamémoslo así) costumbrismo es difícil de reflejar sin que resulte impostado, y por eso Alejandro Palomas hace posible que el lector empatice con Amalia y sus hijos. A Una madre le seguirán Un hijo y Un perro en cuanto tenga ocasión, con la esperanza de volver a encontrar estas parcelas de verdad en el territorio de la Literatura.

El año del verano que nunca llegó, William Ospina
La historia de cómo se gestaron la criatura de Frankenstein o el Vampiro en la misma noche siempre me ha fascinado. Citaba el acontecimiento Stephen King en su excelente ensayo Danza Macabra (Valdemar). Que esto aconteciera en un verano sin sol, con la reunión de Byron, Polidory, Percy y Mary Shelley, incluso Matthew Lewis, sólo arroja más misterio al asunto. Al fin alguien se ha atrevido a escribir el libro definitivo sobre esta noche que se extiende como una metástasis por los siglos precedentes y venideros, y es que William Ospina construye una especie de cadena de acontecimientos y vidas que, auspiciados por el destino o la casualidad, convergen en dicha velada. Evidentemente, no todas las historias que narra resultan igual de interesantes o relevantes, pero Ospina traza un amplio escenario para que contemplemos todos los factores y personajes que, de un modo u otro, intervinieron en la aparición de los mitos del terror moderno. La única pega que le pondría es precisamente que a veces da la sensación de que el autor está recreándose en conceptos que no llevan a ninguna parte, o que no sabe envolver la historia con el gancho y misterio que dominan otros narradores como el ya citado Fernando Marías o, en el terreno de la crónica, el excelente Mauricio Wiesenthal. Como contrapunto, se nota que Ospina ha investigado, ha hecho un arduo trabajo para abarcarlo todo, y su ambicioso proyecto seduce al lector y le devuelve más preguntas, una bibliografía, un testimonio de un verano sin sol que habría de cambiar el mundo.

26 de marzo de 2016

La estrategia del camaleón

Retomo el blog en estado de extrañeza con un tema en mente del que llevo un tiempo queriendo hablar, pero por el que jamás me decido: la impronta literaria. Me consta que hay muchos escritores a los que les sucede que, mientras trabajan en un proyecto, las lecturas a las que se exponen acaban por afectar a su estilo.
Leo Noches sin dormir, de Elvira Lindo, y me digo que siempre me ha gustado ella más que Muñoz Molina, su señor esposo. De él traje también, en la misma maleta que el de Elvira, Como la sombra que se va, en parte porque me interesa todo lo que tenga que ver con la conspiración, en parte porque transcurre en Lisboa. Me gustaría que, abandonada Nueva York, se vinieran ambos escritores a Lisboa, y encontrármelos en el club de lectura del Cervantes, o en cafés paradigmáticos, o en la sección de literatura de la FNAC. Se ven sencillos.
También estoy a punto de terminar Los amigos, una novelita japonesa de Kamuzi Yamuto que aúna dos de mis obsesiones: la infancia y la muerte; no llega al nivel de Mi planta de naranja lima en cuanto al adiós a la inocencia, pero tiene la extraña poesía que desprende todo lo japonés; además, la traducción es llamativa, lo cual, ahora que lo pienso, no sé si es bueno o malo. Menos me duró Instrumental, las duras memorias de James Rhodes que, si bien no están a la altura de Cosas que los nietos deberían saber (por eso de que comparten editorial y una cierta temática de malditismo musical), me ha atrapado por completo y despertado en mí cierto interés por la música clásica de la cual, reitero mi ignorancia, no tengo ni pajolera idea.
Hoy, comienzos de primavera, Día Mundial de la Poesía, ha caído en Lisboa un granizazo como no recuerdo. Apuro la última revisión de los Dinosaurios con la certeza de que será la última y la esperanza de encontrarle hogar, aunque aún queda camino por recorrer. A cada vuelta de la esquina surge una nueva complicación estructural, narrativa o de construcción de personajes.
Pero volvamos a aquello de lo que venía a hablar hoy: la impronta literaria o estilística. Uno no es consciente mientras le ocurre, pero poco a poco se va empapando de lo que lee y lo plasma en lo que escribe. Me ha costado percibirlo, pero relecturas relacionadas con la revisión y corrección de mis últimas publicaciones me han hecho verme reflejado en autores a los que admiro y he leído con auténtica devoción. Esto es muy claro en el caso de Donde mueren los monstruos, libro en el que queda patente que mientras tanto leía a Ricardo Menéndez Salmón en bucle o novelas de estilo tan cuidado como El ladrón de morfina, de la que ya escribí en el blog. Por ello, ahora que preparo una novela de vampiros en un ambiente rural me he hecho un listado de libros que debía leer para meterme de lleno en la temática y mitología del vampiro, pero también para entrar hasta el fondo en un ejercicio de estilo especialmente trabajado, de ahí que mis últimas lecturas hayan sido Dracula y Salem's Lot (ambas leídas en inglés, con lo cual poca impronta salvo a nivel estructural), pero tenga unas cuantas más historias de chupasangres esperando, y me haya propuesto releer toda la obra publicada por Menéndez Salmón (y van...), así como relatos de otros autores contemporáneos a quienes admiro, caso de Juan Gómez Bárcena o Matías Candeira, ambos en Salto de página. También, está claro, porque ambos se atreven con el género, y no les da miedo meterse en terrenos más transitados por la literatura latinoamericana que por la española: fantasía, distopía, ¿terror?
Ah, y ya que me termino Noches sin dormir y me quedo huérfano (qué bonita sensación de saudade incalculable nos deja un buen libro al pasar la última página), me he decidido a retomar un diario semanal en esta santa casa. Curiosamente, el año pasado ya escribí un diario entre agosto y diciembre con una sola regla: escribir una cara al día, sin saltarme ninguno. Aprovechaba trayectos en tren, pausas en el trabajo o momentos de asueto para vomitar mis frustraciones, y es que probablemente se trate del diario más triste y neurótico de los diarios, porque lo escribí con una vocación puramente terapéutica. Me sirvió para analizarme, descubrirme y observar con mayor atención mi entorno. Cuando se acabó, lo regalé. Por eso espero ser capaz de darle cierto compromiso al blog y convertirlo en mi nuevo almacén de filias y fobias, como siempre fue y nunca debió dejar de haber sido.
Mi próxima lectura

20 de febrero de 2016

Nelle

Nelle Harper Lee
(1926-2016)